En Asoilustra hemos considerado interesante publicar acá una opinión escrita por el jurista y antropólogo Jaime Richart que fue publicada el pasado 14 de enero de 2014 en ARGENPRES.info, por considerarla atractiva para el análisis de cómo son vistas las conductas de quienes asumen el rol de economistas.
En el trabajo, que lleva por título ¿Para qué sirve un economista?, Richart refiere que “los
economistas son los sumos sacerdotes del sistema; papel que comparten, por
cierto, con los periodistas. Brotan como setas en tiempos de crisis, y en
tiempos bonancibles se dedican a la contabilidad”.
Y en un segundo párrafo comenta que “Al mismo tiempo son
también augures o como los meteorólogos que hablan de las borrascas pero no
pueden evitarlas, o como esos médicos que investigan pero carecen de aptitud
para curar. Los economistas hacen una disección delo que está sucediendo y
delas medidas que deberían adoptarse ante un problema o una crisis, pero nadie
les hace caso…Si todo esto no fuese así, los mejores economistas estarían
contratados por los gobiernos de las naciones, y los grandes problemas y crisis
económicas no existirían porque sabrían evitarlos o los solucionarían como el
galeno trata la gripe o el cirujano extirpa un tumor”.
Luego Jaime Richart concluye su opinión al indicar que “De
modo que la vida económica, laboral y social, los tres planos de la sociedad,
sigue su curso pese a los economistas. Ellos se limitan a contar lo que sucede
y a apuntar medidas. Pero los remedios dependen a su vez de unas leyes
económicas que son difusas pese a todo, al estar manipuladas por los dueños de
dinero. En suma, los economistas son expertos que hacen diagnosis y aconsejan,
mientras las finanzas tienen otros planes. Total, no sirven para nada, sólo
para marearnos con su verborrea y para
asombrarnos de lo mucho que saben sin ninguna utilidad…”
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